
Hay consenso que el Uruguay enfrenta serios desafíos para mantener el alto nivel seguridad interna que lo caracterizo en el pasado y que lo diferenciaba de las republicas bananeras. La seguridad era un componente muy importante en la calidad de vida de la población. No éramos ricos pero la gente era amble y las calles seguras. Hay muchas propuestas serias para mejorar la seguridad, se destacan las medidas propuestas por Bordaberry y Fernandez Huidobro, pero ninguna de ellas ataca el tema del fondo.
La raíz del mal desempeño de nuestra policía es el centralismo burocrático. El ministerio del interior es una burocracia centralizada inoperante como la UTE o Ancap dirigida por una maestra amateur puesta a dedo por el presidente un doctor especialista en cáncer. La maestra ciruela a su vez elige los comisarios a dedo favoreciendo a los de su partido. En definitiva unos montevideanos iluminados que no saben ni entienden nada de seguridad determinan quien es el encargado de cuidarle las bicicletas y las vacas a la gente de Cerro Largo. Aun con un ministro competente la estructura actual no sirve para los problemas de seguridad del siglo 21.
El centralismo tiene raíces históricas. Batlle centralizo la policía en 1904 cuando mato a Saravia para monopolizar el poder. Hace cien años el comisario controlaba las urnas, y el que elegía los comisarios controlaba el país. Al comisario era el “jefe político” del departamento. En 1920 la corte electoral elimino el poder político de los comisarios y el batllismo se modernizo pasando a comprar votos con empleos en los entes publicos.
Todas las dictaduras centralizan la policía como instrumento de poder. Lo hizo Hitler Stalin, Castro, y lo siguen haciendo los dictadores africanos .
Pero en el 2008 nuestro problema es la seguridad y para resolver los problemas de hoy una policía organizada hace 100 años para estafar elecciones es un anacronismo. Para tener una policía efectiva tenemos que empezar por entender las mejores prácticas del siglo 21. Es lo que hacemos cuando plantamos soja, transplantamos corazones, curamos cáncer y lo mismo hay que hacer para mejorar la organización de la policía.
La mejor práctica en seguridad en los países democráticos del primer mundo es la descentralización de las funciones básicas y la creación de organismos especializados con cobertura nacional para los problemas complejos. Por ejemplo:
En Estados Unidos el jefe de policía de cada intendencia lo eligen los ciudadanos directamente en elecciones libres. La democracia funciona muy bien a nivel local para elegir ejecutivos competentes. La policía local se encarga del grueso de los asuntos que son simples y están muy cerca de la gente. Robos, violencia domestica, homicidios, patrullar las calles, servicio 911 etc. Actividades con gran proximidad a la población que requieren respuesta rápida.
Además existen organismos nacionales especializados como la DEA que se concentra en el narcotráfico y la policía de control de fronteras, y otros organismos especializados en la prevención de actos terroristas. También hay escuelas técnicas de perfeccionamiento
Toda la estructura esta coordinada por sistemas de información interconectados con bases de datos comunes y comunicación instantánea.
Esta es la solución inteligente y democrática: que cada departamento elija su jefe de policía y que este jefe sea el responsable de organizar contratar despedir y manejar la policía del departamento con autonomía total incluyendo los recursos.
Mantener la centralización de las policías especializadas de delitos complejos, inteligencia, narcotráfico, control de fronteras, INTERPOL, sistemas y bases de datos etc.
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