Wilson Brañas Sosa | Montevideo
@| "Los legisladores frenteamplistas que representan a nuestro país en el Parlasur (Parlamento del Mercosur), aceptaron de buen grado y apoyaron una resolución por la cual en adelante, corresponden a Brasil 75 escaños, a Argentina 43, a Uruguay 18, al igual que Paraguay.
Se recurre para explicar esta decisión de claro e inconfundible corte entreguista, a propósitos de integración regional de los pueblos, cuando lo que en realidad se ha consumado en un organismo netamente político, es nuestra sumisión, nuestro sometimiento, nuestra subyugación política. En lo sucesivo, la defensa de nuestros intereses, la defensa de nuestra propia soberanía estará supeditada a la supremacía de nuestros vecinos, a la veleidosa voluntad mayoritaria de los diputados brasileños y argentinos.
Por más pomposas frases que se usen para explicar esta injustificable decisión, cierto es que salvo el período a partir de la derrota en Tacuarembó, en enero de 1820 de las fuerzas artiguistas comandadas por Andrés Latorre a manos del ejército luso-brasileño a cargo del Conde de Figueiras y que, por la fuerza seguidamente nos anexaran con la denominación de Provincia Cisplatina, nunca antes, representantes nuestros, habían exhibido tan pobre contextura patriótica como ahora. Parece atisbar nuevamente en nuestra Patria, el espíritu de Gerónimo Pío Bianchi, de Francisco Llambí y de tantos otros de triste recuerdo histórico para los orientales, cuando llegó a sostenerse que nuestra independencia era un mal.
Este acuerdo del 28 de abril p.pdo., antes de consumarse debió contar con la intervención activa de todo nuestro Parlamento, escuchándose y atendiéndose las voces de los que hoy -circunstancialmente- son minoría. Ni que decir de una consulta popular que debió darse, hoy también cuando se recurre a plebiscitos atentatorios contra las certezas jurídicas en nuestro Estado de Derecho.
Este entreguismo regional que satisface los sueños de expansión continental de Itamaraty desde la época en que Juan VI reinaba, y la presente y obstinada intervención en nuestros asuntos internos del kirchnerismo, no tendrá arraigo. No será duradera. Mucho menos definitiva. Será apenas transitoria. Momentánea. Circunstancial. A medida que nuestro pueblo conozca este insuceso, el amor de los orientales por su terruño, el sentimiento y las tradiciones artiguistas hondamente arraigadas, -a pesar de que tanto se trabaja por minimizarlas en ciertos niveles- desagraviará este acuerdo que ofende nuestra dignidad como nación soberana e independiente.
Cobran actualidad y vigencia las afirmaciones que a mediados del siglo pasado hacía Antonio M. de Freitas en su obra: `El Levantamiento de 1825`: `...el artiguismo -expresó- no es un accidente que deja una huella y se hunde después en el olvido. Es fuerza permanente`. Dicho en vocablo más expresivo: orientalidad. Amor a la tierra en que se nace para cumplir sus sagrados deberes... fuerte e inagotable apego a su independencia."
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