El soldado valiente que termino la dictadura de Maximo Santos
Gregorio Ortiz, descendiente de Juan Ortiz uno de los Treinta y Tres Orientales, un soldado de destacada trayectoria y gran avidez cultural, elaboró un plan elemental pero efectivo. La noche del 17 de agosto de 1886, el dictador Maximo Santos asistía a una función en el teatro Cibils de Montevideo y Ortiz, vestido con toda pulcritud, lo esperó a la entrada. Había una fuerte guardia militar, por lo que tenía escasas posibilidades de salir con vida. Cuando Santos salió, le disparó en la cara, a quemarropa, con un revólver Bulldog de 12 milímetros. La bala le entró por una mejilla y le salió por la otra, provocándole heridas graves pero no mortales. Ortiz huyó corriendo de inmediato, seguido de cerca por varios militares. Disparó contra uno de sus perseguidores mientras corría por la calle Piedras hacia Treinta y Tres (Ciudad Vieja), esquina en la que se suponía que un carruaje o un caballo que lo esperaba para escapar; pero no había nadie en espera (otras versiones sugieren que sí se encontraba alguien con un caballo, pero Ortiz, en la tensión del momento, no lo vio). Considerándose perdido, Ortiz se apuntó en la sien derecha y se mató. Los efectos del atentado fueron de gran importancia: Santos sobrevivió pero quedó disminuido y desmoralizado. Llamó a un “gabinete de conciliación”, paso previo a su renuncia, y el clima político uruguayo cambió de manera sustancial
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