



Que triste la balsa, la balsa vacia.
Cuantas amarguras , terrible agonia.
Que triste, que triste, que sola y que fria
la balsa, la balsa; ilusion de un dia,
Son nuestros hermanos que tratan de huir,
buscando libertad y nuevo porvenir.
Llenos de ilusiones se lanzan al mar
y tan solo alcanzan la paz sepulcral.
Que triste la balsa, la balsa vacia,
que triste, que triste que sola y que fria.
Soñando... Soñando quisieron venir,
saliendo de Cuba, de ese mundo ruin.
En la fragil balsa pudieron huir
y en el mar bravio fueron a morir.
Adios ilusiones, no mas porvenir,
que triste la balsa, que tragico fin.
Mis pobres hermanos pudieron salir
y nunca lograron un final feliz.
Que triste la balsa, la balsa vacia
que duro y que triste su tragico fin.
Que triste que triste, que sola y que fria
la balsa, la balsa; ilusion de un dia.
- Manuel Blanco
Bajo el derecho penal cubano es ilegal para los cubanos salir de su país o ayudar los otros salir sin el permiso del gobierno. Si son detenidos, los infractores pueden ser condenados a un término de prisión de uno a diez años.
Entre 1959 y 1994, desafiando la ley, más de 63,000 ciudadanos dejaron Cuba por vía marítima en pequeños grupos y llegando vivos a los Estados Unidos. Otros miles legaron a las Bahamas, las Islas Caimán y otras costas Caribeñas. A lo largo de los años, ellos han sido colectivamente identificados con el sobrenombre de “balseros” y sus precarias embarcaciones como “balsas”. Por lo menos 16,000 balseros no han sobrevivido el cruce.
De 1991 a julio 1994 el número de balseros fue subiendo constantemente año por año. Durante las dos primeras semanas de 1994 la cifra llego a ser de 500 llegando diariamente. Cuando el aumento llegó a ser del conocimiento público en Cuba, la gente comenzó a secuestrar grandes embarcaciones del gobierno. En agosto 1994 tres embarcaciones gubernamentales fueron secuestradas en un período de diez días.
Como resultado, el gobierno cubano comenzó a prevenir con más agresividad la salida de los balseros. El aumento de la vigilancia frustró a los que quisieron salir y contribuyendo al comienzo de disturbios callejeros en el 5 de agosto de 1994, a lo largo del malecón habanero, en la sección vieja de la ciudad. Siguiendo estos acontecimientos, el Presidente Castro anunció que la Guardia Fronteriza Cubana no impediría las salidas, hasta entonces ilegales, dejando de aplicar las leyes vigentes. Bajo esta nueva disposición gubernamental 32,385 cubanos salieron desde todas las partes de la isla..










