15 de febrero de 2010


La vaca sagrada del estatismo.
Carlos Santiago
Pero ahí aparecen de nuevo las vacas sagradas, al igual que las del ejemplo, que son dejadas a la buena de Dios, para que su leche sea deglutida a raudales solo por la casta de elegidos, los que tienen en algunos casos dos o tres aguinaldos, no pueden ser removidos en razón de las leyes que los amparan en la enormemente perniciosa “inamovilidad”, privilegio que es negado diciendo que si un funcionario roba o comete una falta grave de lo puede sumariar y dejar cesante, claro, previa venia del Senado de la República..Quienes lograron insertarse en esa casta de privilegiados, también pueden llamarse los “intocables” que ahora, cuando Mujica con énfasis habla de reformar del Estado para ponerlo al servicio de la gente (o sea, del interés general) comienzan a moverse nerviosos. Estos “intocables” uruguayos, obviamente, son los que defienden el estatismo monopólico a ultranza, los que pretenden mantenerse parapetados en un cascarón de privilegios, al que le resbala cualquier crisis. En el 2002, cuando la crisis de nuestro sistema financiero, que se extendió al resto de la actividad económica, la caída del empleo no se verificó entre los “intocables” del Estado. La variable de ajuste, por las deformidades de la organización económica del país, fue solo en la actividad privada.