http://www.larepublica.com.uy/contratapa/418604-la-batalla-por-el-estado
A lo largo del trabajo en estas contratapas, como así también en nuestro libro "Burocracia y Socialismo", nos hemos referido varias (y tenaces) veces al Estado. Lo hemos intentado desde una perspectiva ideológica para rendir cuentas con respecto a qué queremos decir cuando hablamos de socialismo o, si mejor se quiere, qué entendemos por tal cosa. La palabra ha sido demasiado adulterada como para no explicitar el concepto.
Pero también lo hemos intentado desde una perspectiva estratégica: que Estado necesitamos y para qué.
Es público y notorio que estas cuestiones hoy vienen al caso. O, mejor dicho: vuelven.
El Estado tuvo para Uruguay, y debería seguir teniendo, un rol de máxima importancia por la sencillísima razón de que este país no dispone de burguesía suficientemente fuerte como para impulsar y dirigir Proyecto Nacional alguno.
Se ha dicho incluso que, salvo rarísimas excepciones, no la hay o no merece el nombre de tal.
Porque al decir de Damiani no es rica sino riquita; porque no viaja (salvo de vacaciones); porque en grandísima parte vive del Estado y sus "favores" que incluyen diversas y sofisticadísimas formas del contrabando administrativo y porque se llegó a decir (Ignacio de Posadas): que lo único serio que hay por acá es la ganadería".
Agregando que hasta debíamos disolver el Ministerio de Industria.
No podemos detenernos ahora en un tema de por sí apasionante: como el Estado descompuesto degradó a la burguesía posible y como lo que lleva ese nombre, degradó al Estado. Se trata de una simbiosis parasitaria con culpa completa a dos bandas cuando no, lisa y llanamente, jerarcas en los dos bandos.
Es imposible entonces, y no solo por dicha razón, defender a este Estado: devino indefendible.
Así como está, no sólo no vamos a ningún lado sino que vamos a uno muy cierto: la derrota de todo Proyecto Nacional.
Por lo tanto, es una gran verdad que Uruguay necesita un Estado en el rol protagónico. En especial porque hoy no lo tiene. Perdió el que otrora tuvo.
Fue privatizado por densas corporaciones burocráticas tanto públicas como privadas que se lo apropiaron sin pagar un peso (apropiación indebida).
Por eso mismo, en un equívoco fantástico y como ciertos ladrones, se grita desde allí contra todo cambio "en aras de la defensa del Patrimonio Nacional" sin aclarar que, hoy por hoy, les pertenece muy particular y exclusivamente.
De seguir así, la Nación carecerá a muy corto plazo de su Patrimonio (salvo algún Museo).
De modo pues que no hay discrepancia con quienes postulan un Estado fuerte y protagónico; sospechamos que tampoco la hay en torno al "para que".
Las discrepancias acampan en torno al "como".
Para que Uruguay vuelva a tener Estado combatiente por el Proyecto Nacional (o sea: Estado), debe desburocratizarse dramáticamente y abrirse a la sociedad y al mundo. Salir de los ámbitos anaerobios donde se cocina, para respirar cuanto antes vientos frescos. Se trata de un problema neumológico: enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Y eso que hoy no fuma... Pero, repetimos, este cambio debe producirse con la misma fuerza tanto "adentro" como "afuera": la burocracia no es plaga solamente estatal ni mucho menos. Asienta sus garfios también en una mal llamada "actividad privada" que a la vez usa y disfruta del descalabrado Estado siempre y cuando siga descalabrado.
Se trata entonces de un cambio "cultural" y casi "civilizatorio": esto no se arregla solamente con dos o tres leyes. Tampoco con tres o cuatro huelgas. Requiere también un exigente examen de conciencia.
Uno de los caminos para lograr el éxito es el de una amplia descentralización que busque poner al vecindario cerca del control y del lugar que le corresponde como único dueño.
Esto debe comprender tanto a Ministerios como a empresas públicas, organismos "del 220" e Intendencias Municipales.
Otro camino, adyacente, es la privatización de muchos servicios y actividades en manos de colectivos sociales: clubes, comisiones de fomento, cooperativas, empresas autogestionadas, asociaciones vecinales, y todas las demás formas populares ya existentes o a existir (el Uruguay por suerte es muy privilegiado en la materia).
La palabra "privatización" hoy es casi un insulto porque se la refiere a ciertas mafias empresariales de porte internacional (o no) que mucho daño hicieron y hacen.
Ha sufrido la misma desgracia que la otra ("socialismo"). Fue usada para feos barridos y peores fregados.
Seguimos pensando que, en la medida de lo posible, al Estado hay que irlo disolviendo en el pueblo. Lo más implacablemente posible.
Dándole a la ciudadanía el dominio directo de fuertes resortes del Poder Ejecutivo (que junto con el Judicial son los únicos que pinchan y cortan).
Sabemos que dada la "civilización" que nos han impuesto simplemente por rutina, pensar que al Hospital de una ciudad lo dirijan también los vecinos (a través de sus representantes directos), lo mismo que a la UTE, Antel, OSE, Ancap, Liceos, Escuelas, y un larguísimo etcétera que incluye Ministerios y dependencias de Ministerios, es una idea "descabellada".
Lo sabemos y cuesta caro decirlo.
Pensar que entidades privadas del tipo señalado más arriba, se hagan cargo con recursos del Estado o de las Intendencias, de la limpieza o de la salud (por poner dos ejemplos), es hoy "herejía" en ciertas tiendas.
En realidad es lo más racional y, en el Uruguay de hoy, imprescindible (por no decir revolucionario).
¿El Estado debe estar siempre compuesto por funcionarios o puede también estarlo por vecin@s?
¿Limpiar un barrio o un pueblo con vecin@s desocupados (o no), en base a los recursos que ya están destinados para ello, y dirigirlo mediante la Comisión Vecinal, no es acaso posible y aconsejable?
¿Por qué no? ¿Quién sabe mejor que es@s vecin@s si el servicio prestado es correcto o no lo es?
Y así podríamos seguir con otros ejemplos.
Claro: desde la Derecha van a decir que estamos soviéticos; y desde ciertos acérrimos campamentos de la Izquierda, que somos reaccionarios.
¡Es brava esa batalla para el Pepe! Meterse con el Poder: o sea con la burocracia.
En Uruguay eso es tácticamente peor que meterse con el Imperialismo.
Pero no importa: hay una Grifa que tira más que una yunta de bueyes, por la que parece estar destinado a ser un imprescindible Mariscal de Batallas Perdidas. Lo que, vale la pena decirlo enfáticamente, ennoblece toda lucha, y garantiza la victoria (aunque sea a largo plazo lo que, cuando de ello no se dispone, carece de gracia para el occiso).
Jefe de las que nadie (por calculillos tácticos) quiere dar. Aunque ellas sean indispensables para el bien común.
Según su elocuente decir, habrá muchos a los que "les temblaran las patitas como a gatito robando achuras"... Y en lugares inesperados.
Sin embargo y como siempre: vale la pena.
Con tanta inferioridad de condiciones, solamente lo podrá salvar el pueblo liso y llano. Si así lo quiere.
|*| Escritor, senador de la República.
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