Actuación del Parlamento Eric D. Haym Fielitz | Montevideo
@| "En el Día Internacional de la Democracia, el diputado colorado Fernando Amado cuestionó con dureza la actuación del Parlamento uruguayo durante los sucesos de febrero de 1973. Dijo que el Parlamento no había estado a la altura de las circunstancias y que había permanecido omiso ante la escalada militar.
A pesar que estas expresiones fueron contestadas airadamente en sala -en algún caso en forma algo teatral-, y que el secretario general del Partido Colorado le pidiera disculpas al Dr. Lacalle por las palabras del diputado, hay que ser sinceros y decir con claridad que a Amado le asiste razón.
Uruguay es uno de los pocos países del mundo -quizás el único- en los cuales un golpe de Estado se da por capítulos. En aquel febrero de 1973, amargo como ningún otro, los acontecimientos políticos comenzaron a precipitarse y el Presidente encaminó su gobierno hacia la dictadura. Ese primer capítulo finalizó en Boisso Lanza, pero el golpe como tal culminó en la madrugada de junio, cuando las botas de Álvarez y otros más mancillaron el Parlamento.
Cabe preguntarse cuál fue la actuación de nuestros políticos ante la noche dictatorial que se nos venía encima. Basta repasar los libros de historia o consultar a algunos protagonistas para darnos cuenta que el grado de responsabilidad de ellos en el deterioro de la estabilidad democrática no era menor. A la muy aguda conflictividad social, al desgaste de la credibilidad del Presidente, al descalabro económico y a la acción desestabilizadora de la guerrilla, hay que agregar la desconfianza generada por un accionar demasiado torpe por parte del sistema político, quienes parecieron siempre estar más preocupados por las peleas internas, desarrollando una muy poco inteligente desconfianza ciega ante el adversario de turno, que por bajar la pelota y abroquelarse en torno a los ideales de democracia y libertad.
A la distancia, llama la atención que dentro de los propios partidos fundacionales hubieran corrientes políticas tan dispares que llevaran a que unos denunciaran con fuerza y claridad la violencia y la dictadura que se venía, como aquellos que no miraban con malos ojos la interrupción de la democracia. De la misma manera, quienes hoy nos gobiernan se encontraban ante un dilema existencial terrible, ya que interrumpir la democracia no les molestaba demasiado -la falta de democracia molesta a quien en ella cree-, pero desconfiaban de las ideas políticas de nuestros uniformados. Ello llevó a que protagonizaran un ridículo histórico nunca igualado, al apoyar los comunicados 4 y 7 de los militares.
Este era nuestro país en febrero de 1973. Las crónicas editoriales de la época, las amargas líneas que auguraban la caída de las instituciones que pueden leerse en diarios como El País o El Día, son prueba suficiente del descrédito en el que había caído nuestro sistema político en general y los partidos (y sus protagonistas) en particular.
Ignoro si, como dice Amado, la mayoría de ellos se encontraba de vacaciones o en la playa cuando los tanques invadieron la ciudad. Pero es una verdad poco rebatible, salvo para los demagogos de siempre, que nuestro Parlamento no se reunió en esas fechas, no representó para el Pueblo el último bastión en defensa de las Instituciones -ese papel le cupo al contralmirante Zorrilla-, y que, al decir del diputado colorado, no estuvo a la altura de las circunstancias. Cuatro meses después ya era tarde y la noche se tragó los últimos gritos de rebeldía".
1 comments:
el unico que podia haber parado el golpe hubiera sido Wilson con un revolver 38 y dos balas. Pero no tuvo los guevos de Allende y Brun
Publicar un comentario